Responsabilidad compartida

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Mar 26, 2025

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Opinion

Opinion

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Imaginemos este escenario: compras un automóvil último modelo, equipado con airbags, frenos ABS y un sistema de alerta de colisión. Sin embargo, decides no usar el cinturón de seguridad. Si sufres un accidente, ¿es culpa del fabricante? Claramente no. La tecnología está ahí para protegerte, pero su eficacia depende de que sigas las normas básicas. En el mundo de las aplicaciones, ocurre algo similar: los equipos de producto y desarrollo construyen herramientas, pero los usuarios tienen la responsabilidad de usarlas correctamente.

Los creadores de apps invierten meses (a veces años) en diseñar interfaces intuitivas, funcionalidades seguras y guías de uso. Pero, al igual que el cinturón de seguridad, estas precauciones solo funcionan si el usuario decide "abrocharse". Si alguien ignora las recomendaciones, comparte contraseñas en redes sociales, desactiva actualizaciones críticas o usa la app para fines completamente ajenos a su propósito, cualquier problema derivado deja de ser un fallo técnico para convertirse en un error de uso.

Recibir comentarios de usuarios es vital para mejorar una aplicación. Sin embargo, no todo feedback es útil. Imagina que un conductor critica el sistema de frenado de un coche porque chocó al ir a 200 km/h en una zona escolar. ¿Es válido? No. Del mismo modo, si un usuario exige que una app de edición de fotos "funcione mejor" después de subir archivos corruptos o ignorar los requisitos técnicos, su reclamo carece de sustento.

Los diseñadores y desarrolladores no pueden hacerse responsables de:

  1. Ignorancia voluntaria: No leer instrucciones, tutoriales o advertencias.

  2. Malas prácticas deliberadas: Usar la app en dispositivos no compatibles, saltarse pasos de seguridad o manipular código.

  3. Expectativas irreales: Exigir que una app resuelva problemas para los que no fue diseñada.

Los creadores de apps tienen obligaciones claras: garantizar seguridad, privacidad y funcionalidad dentro de los parámetros anunciados. Pero no pueden prever todas las formas en que un usuario decidirá torcer las reglas. Por ejemplo:

  • Si una app de finanzas personales advierte sobre riesgos de invertir en criptomonedas volátiles y el usuario ignora las alertas, las pérdidas no son culpa del software.

  • Si una red social implementa controles parentales y un menor accede porque su padre compartió la contraseña, la responsabilidad no recae en la plataforma.

Esto no exonera a los equipos de mejorar continuamente. Pero sí establece que los usuarios deben asumir su parte en el pacto digital.

¿Cómo recuperar el feedback útil?

Para que las críticas sean constructivas, los usuarios deben:

  • Informarse antes de usar: Leer políticas de privacidad, requisitos técnicos y casos de uso.

  • Reportar errores con contexto: En lugar de "la app no funciona", explicar: "Al intentar X en Y condiciones, ocurrió Z".

  • Evitar el sesgo de la ira: Un mal día no justifica reseñas destructivas sin fundamento.

El ecosistema digital funciona mejor cuando hay responsabilidad compartida. Los desarrolladores deben esforzarse por crear apps seguras, transparentes y educativas; los usuarios, por usarlas con sentido común y ética.

Como dijo alguna vez el filósofo Marshall McLuhan: "Damos forma a nuestras herramientas, y luego nuestras herramientas nos dan forma a nosotros".

Si queremos apps que mejoren nuestras vidas, debemos empezar por usarlas como aliadas, no como chivos expiatorios de nuestra propia negligencia. Al fin y al cabo, ni el mejor cinturón de seguridad salvará a quien elige no abrocharlo.

© 2022 Carlos López. All Rights reserved.

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