Productivity Peacocking está entre nosotros

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Mar 27, 2025

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peacock in the middle of a meeting table
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peacock in the middle of a meeting table

Opinion, Productivity

Opinion, Productivity

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Cada clic y cada minuto en pantalla pueden ser cuantificados, monetizados y exhibidos, una nueva patología organizacional ha emergido: la obsesión por demostrar productividad eclipsa la capacidad de generarla o como se llama por ahí, productivity peacocking. No se trata de un fenómeno aislado, sino de un síntoma sistémico. Plataformas digitales diseñadas para optimizar flujos de trabajo se han convertido en escenarios donde empleados y líderes interpretan roles de eficiencia ficticia, mientras los resultados tangibles se diluyen entre notificaciones, métricas vacías y reuniones improductivas.

Esta distorsión no es casualidad, sino consecuencia de un paradigma que equipara visibilidad con valor, y actividad con impacto. ¿Cómo llegamos a normalizar que enviar un correo a las 3 a.m. sea más valorado que resolver un problema en dos horas de concentración profunda? ¿Por qué celebramos calendarios abarrotados de encuentros intrascendentes como si fueran medallas al mérito? La respuesta yace en una crisis de medición —y de significado— que prioriza la percepción sobre la esencia.

Si el siglo XX consagró la ética del trabajo duro, el XXI parece empeñado en sustituirla por la estética del trabajo visible. Pero cuando la productividad se reduce a teatro, todos perdemos: las organizaciones, al confundir ruido con progreso; los profesionales, al canjear bienestar por aprobación efímera. El costo de este espectáculo no se mide en horas perdidas, sino en talento desaprovechado, creatividad ahogada y confianza erosionada.

No quiero que se entienda como una crítica al esfuerzo, sino una llamada a rescatar el trabajo de su propia puesta en escena. Porque en un mundo que idolatra lo visible, el verdadero acto subversivo es crear valor sin necesidad de anunciarlo.

El productivity peacocking es el arte de simular eficiencia mientras se esconde la ineficacia. Algunos ejemplos clásicos:

  • Reuniones para planificar reuniones: Invitar a medio equipo a una llamada que podría ser un email, solo para demostrar "colaboración".

  • Actividad ≠ Resultados: Enviar 50 mensajes en canales de trabajo con frases como "¡Avanzando en esto!", sin entregar nada concreto.

  • El Síndrome de la ventana abierta: Dejar pestañas de Excel o código visible en Zoom durante horas para simular dedicación.

Según un estudio de Asana, el 60% de los trabajadores dedican más tiempo a informar sobre su trabajo que a hacerlo. ¿La razón? En culturas obsesionadas con la visibilidad, el mérito no se mide por lo que logras, sino por lo que aparentas lograr.

Por qué el Peacocking es un problema

  1. Gestores que confunden movimiento con progreso: Muchos líderes, sobre todo en entornos híbridos, usan métricas vacuas como "horas conectadas" o "mensajes enviados" para evaluar desempeño. Así, el empleado que termina su trabajo en 4 horas y descansa es penalizado, mientras el que malgasta 12 horas en tareas triviales es premiado.

  2. Herramientas que premian el ruido: Aplicaciones como Microsoft Teams o Slack, con sus indicadores de "actividad reciente", convierten la presencia en un juego de puntos. El resultado? Empleados que pican código sin sentido a las 11 p.m. solo para activar el status verde.

  3. Miedo a la invisibilidad: En un mercado laboral incierto, muchos creen que si no "demuestran" esfuerzo constante, serán los primeros en el despido. La paradoja es que, según Gallup, los equipos más productivos son los que tienen menos reuniones y más autonomía.

Y como podrás imaginar, todo ello tiene un costo oculto:

  • Agotamiento creativo: El cerebro no puede generar ideas profundas entre notificaciones y postureo. Un diseñador ocupado en reportar cada boceto pierde la chispa para innovar.

  • Cultura del desconfianza: Cuando todos fingen, nadie cree en nadie. ¿Es ese informe detallado un análisis genuino o un copy-paste para impresionar?

  • Fuga de talento real: Los profesionales competentes huyen de entornos donde el mérito se mide por teatro. Como dijo un ingeniero en Reddit: "Prefiero ganar menos en una startup que fingir demencia en una corporación tóxica".

Cómo desplumar al Peacocker

  1. Mide resultados, no actividad: Si un desarrollador entrega código limpio en 20 horas, ¿importa si no estuvo "activo" en Slack? Empresas como Basecamp evalúan por entregables, no por horas.

  2. Promueve el "Deep Work": Bloquea franjas sin reuniones donde el equipo pueda enfocarse. Como prueba Cal Newport, la concentración prolongada genera más valor que 100 correos.

  3. Celebra el "No hacer": Normaliza que descansar, pensar o aprender no es pérdida de tiempo. En Netflix, los empleados tienen "días de reflexión" sin reuniones.

  4. Sé un líder antipeacocking: Si un empleado te envía un informe a las 2 a.m., responde: "Gracias, pero espero que estés durmiendo lo suficiente".

Por lo tanto menos plumas y más sustancia. El productivity peacocking no es un error individual; es síntoma de una cultura laboral enferma que confunde supervivencia con éxito. La solución no está en entrenar a los empleados para actuar mejor, sino en rediseñar sistemas que premien la autenticidad sobre la fachada.

Como escribió David Graeber en "Trabajos de Mierda", el capitalismo moderno ha creado ejércitos de personas que fingen trabajar para que otros finjan pagarles. O algo así.


© 2022 Carlos López. All Rights reserved.

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